
El vino en la poesía Hispano-Hebrea
Fragmentos
Salomón Ibn Gabirol.
¡Alza, amado! / ¿Qué te pasa, que estás somnoliento y dormido?
Álzate y bebe un poco del vino rojizo / ven y entonemos un canto al sarmiento
con él nos inclinaremos ante Dios / y ante él nos prosternaremos.
¡Para quedarse mudo! -yo creo que hasta Dios le tenía miedo
Si me llevas, amigo, hasta las viñas / y me das de beber, me llenaré
de alegría y las copas de tu amor, apegándose a mí / quizá ahuyenten mis
angustias.
Y tú, si te bebieras de mi amor ocho vasos, / yo hasta ochenta de tu amor me
bebería.
Si a tu lado expirara excava, amigo mío / mi tumba en las raíces de las viñas:
lávame con el agua de las uvas /embalsama mi cuerpo con perfumes de agraces.
No llores, no hagas duelo por mi muerte / hazte flautas y cítaras y arpas;
sobre mi tumba no derrames polvo / que no sea de odres viejos de vino añejo y
nuevo.
El labio de la copa / como un sol que naciera entre las palmas de mi amigo,
está besando el mío. / Arde un fuego en el agua de las vides
que me devora sin tocar mi ropa. / Nadie ha visto un espejo de vidrio que
creara
un hombre con mi imagen / cuyo mosto me habla quedamente:
Lo bebimos. El rayo daba brincos / expulsando tinieblas de mi casa,
por ella disemina risólitos y ágatas / disgregando mi sueño en las esquinas.
Se engríe de su lámina de oro / delante de una nube
que recoge en mi umbral cadenillas doradas / y cuyas aguas eran
como las de la nieve del Senir / o como la poesía de mi Samuel.
Dame el vaso; bebe tú (igual) si no hubiere / y míralo en la imagen
de tu mejilla clara. / Al que de ti está enfermo y casi muere
con esos ojos tuyos / que de enfermo parecen, dale vida.
Oh cervato, que paces entre lirios, / abrévame con zumo de granadas