viernes, 7 de octubre de 2011

La asistencia internacional del Festival Internacional


Parido en las bajas tierras tropicales colombianas y desterrado, por sus falsas personalidades subconscientes, hacia las altas tierras frías quebequas, llega para ustedes el casi nunca visto, el único; adicto y desengolocinador de robusticas, el delirante extranjero, el que viaja cientos de kilómetros para dormitar tranquilo bajo la embriaguez del vino y el amor de la dama de cabellos ardientes, el que recibe con gula la ostia en polvo que el Papa Benedictico XXX ofrece a sus feligreses antes, mientras y después del festival. 

Sin más preámbulos y presentaciones, la embajada colombo-quebecua se place en presentarles al  Sexopíomano-turista Márquez. No deje de asistir al festival, allí podrá hacer firmar su pecho por esta celebridad internacional y recibirá, además, consejos para enamorar a las niñas de la minorista y a uno que otro pelao. Recuerde: No vaya con usted mismo

viernes, 30 de septiembre de 2011

Si hay festival!!!!!!!!!!!!


Luego de un largo y extremado proceso de casting ya hay sede para el festival.
En pocos días se darán a conocer las especificaciones de la finca temática ganadora.

La cuota para el festival de este año es el indicado en el vale, esta cuota debe ser ENTREGADA LO MÁS PRONTO POSIBLE. Para mayor información comuníquese con el Papa o con el Camarlengo Orozco.

RECUERDE: NO VAYA CON USTED MISMO

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Punto para ser considerado en la programación del Festival


¿Cansado de lidiar con el de la chaqueta negra?
¿No puede escuchar una bicicleta cerca porque siente que lo persiguen?
¿A veces escucha un cascabeleo cerca y piensa que lo están vacilando, hasta que tropieza con el de las gafas oscuras?
¿Su mujer lo dejo por otro y le quiere quitar la casa, el carro y hasta los calzoncillos?
¿Ya no duerme tranquilo por estar pensando que las culebras están debajo de la cama?

Entonces no se pierda este Seminario Intensivo con el Gurú Fandó
Quieto Andariego: consejos para caminar sin culebras

miércoles, 24 de agosto de 2011

Punto a considerar para el Festival


Con motivo de las deudas del Papa para con el festival se recomienda la lectura a viva voz de una Triple Encíclica Papal previa al "descorchamiento" de la primer botella del buen y amado vino.

lunes, 22 de agosto de 2011

Punto para el festival


Se repartirá licor hasta en los sueños y la ostia en polvo acompañará cada bocanada de amor que la dama de largos cabellos propine como regalo a los invitados.

Recomendaciones para la hora de las nupcias.

  1. No lleve bacinilla, allí se la prestamos
  2. Se recibirán regalos por facebook
  3. El confesionario no estará disponible, sólo como cajero electrónico.
  4. Lleve anillo pero solo lo muestra en el cuarto oscuro
  5. Solo se aceptan padrinos del otro lado
  6. No tire arroz a la salida, sólo mocos
  7. El coro para las nupcias será: Nononono Sansán, nonononono Sansán nonononono Sansán Sansán Sansán Sansán.. (bis)

viernes, 5 de agosto de 2011

Carta de Vinos

Carta de Vinos
1
Con la sombra del año, con el tiempo
que envejece al otoño en la madera,
madura al rojo el corazón del vino
fraguado en calendarios de paciencia.
La ciencia milenaria de su alquimia
no admite sino el cálculo del clima
cuando el mosto recobra el movimiento
y en su fermentación hierve la vida.
Enmelada de abejas va la tarde,
fundándole regiones de dulzura,
como una jubilosa flor del aire
dormida en el vivero de la espuma.
El vino va del verde a lo morado,
tornasol de la rosa, transparencia
donde la luz es sólida un instante
y el aroma un lugar de residencia.
El hombre sabe a vino. El vino a hombre.
Es un secreto a voces el misterio.
Desde lo más remoto vienen juntos
rompiendo las ventanas del silencio.
La memoria del vino, es la memoria
del labrador de pámpanos y estrellas
que un día, ya de pie, mató al olvido
y se vino a zancadas por la tierra.
El antiguo pastor de las edades
guardó los cereales, la herramienta,
llevó la vid con él sobre los siglos
para ver regresar la primavera.

2
Reúne nombres de región y abuelos,
inalterables formas y apellidos,
el Pinot gris de los atardeceres,
el Borgoña nocturno, el Medoc sísmico,
ese trago de Riessling luminoso
que llena la alegría de estampidos
o el Cabernet de umbrías soledades
que aturde el corazón como un gemido.
En la mesa solar del medio día
el Lambrusco del año parpadea
y queda demorado, propiciando
el entresueño de la sobremesa.
A veces llega con el gusto verde
al ruidoso fragor de las tabernas,
a las celebridades tumultuosas
y enciende las hogueras de la fiesta.
El vino tiene un orden. Él conduce
los infinitos duendes de la vida:
con carnes, tinto, con mariscos, blanco.
Es el otro sabor de las comidas.
Y cuando llueve el corazón y el año
y arde la leña trémula del día,
el vino, compañero y solidario
moja el sollozo y la melancolía.

3
Pero, a veces el vino, prisionero de sombras,
sale con la navaja del lucro, simulado,
destituido del sol de su nobleza
a maniatar los pobres inermes de los barrios.
Corrompe la alegría en los ruines boliches
donde violan su estirpe las tinturas y el agua
para estragar al hombre del jornal y enturbiarle
la raída inocencia que padece su canto.
Sale del vino un puño. Sale un grito. Le sale
la mala luz del odio, la artera puñalada.
Amanece en las celdas donde orina el desprecio
y llora roncamente su lágrima de espanto.
El vino mata al vino en la casa del pobre:
entra el domingo y salen las mujeres llorando.
Los niños desnutridos bostezan el asombro
y desde las tinieblas, solloza el desamparo.
Yo lo he visto en el monte, violento como un hacha,
beberse la quincena y amanecer vinagre.
me ha dolido en las carpas de los cosechadores
y en los rudos obrajes forestales del hambre.
De noche, en las tabernas de los puertos del mundo,
canta las afonías de los coros canallas.
Prostituido en la risa de la mujer caída
al hondo mudridero del sexo desterrado.
Ahí anda en cueros, lúbrico y a mitad de camino
del animal y el hombre, aullando, en cuatro patas,
etílico y sombrío, triste macho cabrío
cavando hacia lo oscuro la condición humana.

Hay que cuidar al vino usurero abstemio
que castra en las bodegas su magia milenaria
que, como un dios remoto, libera la alegría
en lo que el hombre tiene de campanario y pájaro.
Hay que salvar al vino de los brujos metálicos
que humillan y adulteran su índole de sangre,
para que vuelva puro a la mesa del hombre
y le llene la casa de júbilo fragante



(Armando Tejada Gómez)

jueves, 28 de julio de 2011

El alma del vino

Cantó una noche el alma del vino en las botellas:
«¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado,
Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos,
Un cántico fraterno y colmado de luz!»

Sé cómo es necesario, en la ardiente colina,
Penar y sudar bajo un sol abrasador,
Para engendrar mi vida y para darme el alma;
Mas no seré contigo ingrato o criminal.

Disfruto de un placer inmenso cuando caigo
En la boca del hombre al que agota el trabajo,
y su cálido pecho es dulce sepultura
Que me complace más que mis frescas bodegas.

¿Escuchas resonar los cantos del domingo
y gorjear la esperanza de mi jadeante seno?
De codos en la mesa y con desnudos brazos
Cantarás mis loores y feliz te hallarás;

Encenderé los ojos de tu mujer dichosa;
Devolveré a tu hijo su fuerza y sus colores,
Siendo para ese frágil atleta de la vida,
El aceite que pule del luchador los músculos.

Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
Raro grano que arroja el sembrador eterno,
Porque de nuestro amor nazca la poesía
Que hacia Dios se alzará como una rara flor!»

martes, 12 de julio de 2011

Poema al Vino por Jorge Luis Borges


En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
Negro vino que alegras el corazón del hombre.

Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
Desde el ritón del griego al cuerno del germano.

En la aurora ya estabas. A las generaciones
Les diste en el camino tu fuego y tus leones.

Junto a aquel otro río de noches y de días
Corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías,

Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo
Vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.

En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
Una roja metáfora de la sangre de Cristo.

En las arrebatadas estrofas del sufí
Eres la cimitarra, la rosa y el rubí.

Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
Yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.

Sésamo con el cual antiguas noches abro
Y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.

Vino del mutuo amor o la roja pelea,
Alguna vez te llamaré. Que así sea.

sábado, 25 de junio de 2011

Punto para ser considerado e incluido en la programación del festival


Con la intensión de recuperar el delirio dramatúrgico en el Festival Internacional del Vino, Alex Monday, Ravago y Jacco (Quienes se reunieron bajo sospecha) proponen este punto para la programación itinerante del festival. Éste consiste en la improvisación, según vestuario entregado, de un personaje infiltrado en las noches marinas del francés. 

Recuerde: No vaya con usted mismo esperamos que lleve al delirante.

viernes, 24 de junio de 2011

IV El vino de diente de león.



 Fragmento de la novela de Ray Bradbury "El vino del estío" tomado de Textos en su tinta

Las palabras sabían a verano. El vino era verano encerrado y taponado. Y ahora que Douglas sabía, realmente sabía, que estaba vivo, y se movía en el mundo para verlo y tocarlo, convenía que algo de este nuevo conocimiento, algo de este especial día de vendimia, fuera apartado y sellado, y abierto luego un día de enero, cuando nevara rápidamente y el sol estuviese oculto desde semanas o meses atrás, y el milagro, en parte olvidado, necesitara renovarse. Sería aquel un verano de insospechables maravillas, y Douglas quería que lo conservaran y ordeñaran. En cualquier momento bajaría de puntillas a ese húmedo crepúsculo y acercaría las puntas de los dedos.

Y allí, hilera sobre hilera, con el color suave de las flores que se abren a la mañana, con la, luz del sol de junio tras una débil película de polvo, estaría el vino. Y al mirar el día invernal a través de la botella... la nieve se fundiría en pastos, en los árboles vivirían otra vez pájaros, hojas, y capullos, como un continente de mariposas que se alzara al viento. Y el cielo acerado sería azul. Ten el estío en la mano, sírvete un poco de estío, un vasito nada más por supuesto, un sorbito para niños; cambia la estación en tus venas llevándote el vaso a los labios y empinando el estío.

— Listo. Ahora, ¡el barril de lluvia!

Nada podía reemplazar esas aguas puras, convocadas en lagos lejanos y dulces campos de hierbas cubiertas de rocío en la mañana temprana. Aguas alzadas al cielo, llevadas como ropa lavada a lo largo de mil kilómetros, cepilladas con el viento, electrificadas con altos voltajes, y condensadas en un aire frío. Aguas que caen en lluvias, y traen el cielo en sus cristales. Con algo del viento del este y del oeste, y del viento del norte y el sur, el agua se hace lluvia, y la lluvia, en la hora de los ritos, se hace vino.
Douglas corrió con el cucharón. Lo hundió en el tonel de agua de lluvia.

— ¡Allá vamos!

El agua era seda en la cuchara; seda clara, débilmente azul. Dulcificaba los labios, la garganta, el corazón. Había que llevarla en cucharones y baldes al sótano, y allí se volcaría en avenidas, en corrientes montañosas, sobre la florida cosecha.

Hasta la abuela, cuando nieve girase en rápidos torbellinos, mareando el mundo, cegando ventanas, robando el aliento a las bocas jadeantes, hasta la abuela, un día de febrero, desaparecería en el sótano.

Arriba, en la casa grande, habría toses, estornudos, ronqueras, gemidos, fiebres infantiles, gargantas rojas como carne cruda, narices como cerezas en conserva, microbios en todas partes.

Entonces, saliendo del sótano como una diosa de junio, la abuela vendría, con algo oculto pero obvio bajo el chal tejido. Lo llevaría a las miserables habitaciones de abajo y arriba, y su aroma y claridad llenarían las copas, y se bebería de un trago. Las medicinas de otro tiempo, el sol balsámico de las ociosas tardes de agosto, el débil ruido de los carros de hielo por las calles de ladrillo, el susurro de los plateados cohetes, y las fuentes de las cortadoras de césped sobre países de hormigas, todo, todo en un vaso.

Sí, hasta la abuela escaparía al sótano del invierno para una aventura de junio. Se quedaría allá abajo, sola y callada, como el abuelo, o el padre, o el tío Bert, o algún pensionista, y comulgaría con las últimas huellas de un tiempo de picnics y cálidas lluvias, y campos perfumados de trigo, el maíz nuevo y el heno de cabeza inclinada.

Hasta la abuela repetiría y repetiría las palabras doradas y hermosas, como si estuviese diciéndolas en ese mismo momento, cuando las flores estaban aún en la prensa, como serían repetidas todos los años, todos los blancos inviernos del tiempo. Las diría y las diría, y serían en sus labios como una sonrisa, como un repentino rayo de sol en la sombra.

El vino del estío. El vino del estío. El vino del estío.